
Los ninos y adolescentes no siempre expresan el malestar con palabras claras. Pueden mostrarlo con cambios de conducta, bajo rendimiento, aislamiento, irritabilidad, miedo, tristeza, rabia, sintomas fisicos o dificultad para dormir.
El acompanamiento busca mirar al menor dentro de su contexto familiar, emocional, escolar y social, sin reducirlo a una etiqueta.
