
El número de sesiones depende de la valoración, el estadio de la enfermedad, el estado físico y emocional, el tratamiento médico y los objetivos del paciente.
Cuando una persona se encuentra en fase terminal, el propósito no es imponerle una lucha ni prometerle curación. El acompañamiento busca presencia, escucha, alivio emocional, dignidad y un espacio seguro.
